Tres
años atrás, en el 2010, la Pepa Gaitán era fusilada por lesbiana masculina, por
marimacha, por su deseo que se hacía insoportable para Torres, el padrastro de
su novia. No la mataron por ser mujer, sino porque no lo era. La mataron por chonga. Decir que la Pepa era
una mujer es una forma de invisibilizar el deseo lésbico, su expresión de
género masculina. Definirla como una mujer es una violencia más que se inscribe
en su cuerpo y en su memoria.
El
asesinato de la Pepa es la máxima sanción que nos tiene destinada el régimen
dictatorial de la heteronormatividad, esa norma social, cultural y política que
nos señala compulsivamente cómo debemos vivir nuestros cuerpos, deseos, géneros
y placeres. Porque Torres apuntó el arma, pero fue toda una sociedad la que
gatilló. Y sus perdigones de miedo nos llegaron a todos y a todas las maricas,
las tortas, las trolas, las putas, las travas, los y las trans. Porque un
crimen de odio funciona como una pedagogía del terror.
La
lesbofobia se comporta como su aparato correctivo y represivo. No es un
problema psicológico ni personal. Es una práctica institucional y mediática de
rechazo, odio, desprecio y violencia hacia las personas identificadas como
lesbianas. Y crea un marco para la impunidad y la discriminación sistemáticas,
desatando una guerra de baja intensidad que vivimos cada día de nuestras vidas.
La
lesbofobia margina, destruye, aniquila, no sólo nuestras vidas como lesbianas
sino también la libertad de experimentar las relaciones y el cuerpo de maneras
más ricas, múltiples y heterogéneas.
A
tres años del crimen de la Pepa, se taparon murales pintados en su memoria en distintas
ciudades del país, grupos de lesbianas son silenciadas por la burocracia
lgtttb, en La Plata hace unos días golpearon salvajemente a una lesbiana y un
chico trans, acá en Neuquén, algunos bares no han dejado entrar a lesbianas
chongas o directamente las han echado por besarse con otras chicas, también nos
siguen insultando por la calle, hay quienes se mueren sin decírselo a sus
hijos, hay quienes lo viven en el más completo silencio, hay quienes acurrucan su
deseo lésbico en el miedo que impregna lo más recóndito de sus fantasías, aquí,
en el siglo XXI, en este país con buena gente, en esta tierra de confluencias,
en esta ciudad limpia segura y ordenada.
Cuando
se señala nuestra apariencia de machota como amenazante. Eso es lesbofobia
Cuando
no hay una sola profesora en esta Universidad del Comahue que se visibilice
como lesbiana. Eso es lesbofobia
Cuando
las maestras y maestros no pronuncian jamás, en los 9 meses de clases, la
palabra lesbiana. Eso es lesbofobia.
Cuando
no existe ni una sola dirigente política o sindical que se enuncie como
lesbiana. Eso es lesbofobia.
Cuando
ninguna funcionaria del estado o de un partido político se pronuncia
públicamente como lesbiana. Eso es lesbofobia.
Cuando
los organismos de derechos humanos no incluyen en sus informes de violaciones a
los derechos humanos, la violencia hacia las lesbianas. Eso es lesbofobia.
Cuando
se piensa que las lesbianas debemos ser todas de una sola y de la misma manera.
Eso es lesbofobia.
Cuando
se quiere controlar nuestras demostraciones de afecto con el peso y la fuerza
de la mirada. Eso es lesbofobia.
Cuando
se nos trata de exageradas porque no tenemos inconveniente en decirlo. Eso es
lesbofobia.
Cuando
se nos tortura con imágenes heterosexuales las 24 hs del día por la tv y la
radio. Eso es lesbofobia.
Cuando
nace un bebé y ya se lo considera a priori heterosexual. Eso es lesbofobia.
Cuando
te parece más cool que alguien diga que es cuir a que diga que es lesbiana. Eso
es lesbofobia.
Cuando
nos decís “nosotros te aceptamos como sos”. Eso es lesbofobia.
Cuando
se borra de la memoria de las luchas sociales la historia de las lesbianas, o
se silencian sus aportes al movimiento feminista, lgtttb y de todo otro
movimiento político. Eso es lesbofobia
Cuando
pensás que es mejor no decirlo, total ya lo suponen. Eso es lesbofobia
Cuando
ni siquiera podes pronunciar esa palabra y te llamás gay así suena más
divertido. Eso es lesbofobia
Cuando
no hay una sola mención de una autora explícitamente lesbiana en toda la
bibliografía académica que te tragaste para recibirte. Eso es lesbofobia
Cuando
querés tunearte chonga pero desistís porque pensás que se te va a notar lo
lesbiana. Eso es lesbofobia
Cuando
la señora que va pasando con sus hijos camina rápido para no escucharnos ni
vernos. Eso es lesbofobia
Cuando
creés que tus tatuajes enormes, tus piercings o tu loco peinado nuevo es
garantía de que no sos lesbofobico, pero
no te impide pensar que una pija parada es lo mejor que le puede pasar a una
chica. Eso es lesbofobia.
Estas
son, apenas, algunas prácticas de la lesbofobia con las que convivimos todos
los días, y que están fuera y dentro de nuestra piel.
Somos
la vieja guardia tortillera. Seremos viejas pero no domesticadas, no tenemos el
pensamiento amansado ni nos arrebataron las palabras. Tortilleras es un nombre
que no define nuestras vidas, sino que nos ubica políticamente. No describe con
quién cogemos, nos posiciona en la escena pública para denunciar que nuestros
cuerpos son un campo de batalla de las normas, las instituciones y las fuerzas
represivas del estado, las iglesias, los medios y el mercado, que pretenden controlar
nuestros deseos y nos dicen cómo debemos usar nuestros cuerpos para su
beneficio.
Tenemos
la ira encendida, si, somos pendencieras, tenemos la lengua afilada y la boca
mordaz, la misma con la que besamos cuanta boca nos gusta, la misma con la que decimos no al silencio y a
la lesbofobia. Porque a las lesbianas que levantan la voz y ponen el cuerpo
públicamente se les teme, y ese miedo es nuestro poder.
Hoy,
7 de marzo, es un día de estruendo y de agitación, de visibilidad y de
denuncia. Queremos invitarlas/os a besarnos, a besarse, a darle a este pepazo
un besazo. El beso como gesto político y comunitario que repare tanta
violencia, que celebre nuestros deseos desobedientes, que muestre nuestra
política de hacer placeres colectivos, en esta ciudad donde la yuta mata pibes
en los barrios, el intendente veta ordenanzas de protección hacia las mujeres
en situación de violencia, donde se criminaliza la pobreza y se naturaliza la
vigilancia a través de cámaras y el control policial, donde se hacen negociados
inmobiliarios, donde el estado subvenciona la educación y la salud privadas, donde
crecen los femicidios porque los resortes del estado no funcionan, donde las
sentencias a los milicos genocidas son
escandalosas por su impunidad, donde se fomenta el fiolaje y no los derechos
laborales para las trabajadoras sexuales.
Invitamos a decirnos, a
cuidarnos, a besarnos y a desearnos…
Tantas veces como sea
necesario
Tantas veces como se nos
cante
Tantas veces como
querramos
Tantas veces… para que
justicia sea que no vuelva a pasar
Texto de Macky Corbalán y
valeria flores leído en el “Pepazo a la lesbofobia”, organizado por Diversidad
de Río Negro y Neuquén y Sin Cautivas (Neuquén), 7 de marzo del 2013
Cabe aclarar que en la Facultad de Ciencias
de la Educación, la docente Gaby Herczeg (activista del grupo MalaQalaña), se
visibiliza como lesbiana hace varios años, por lo que ha tenido que enfrentar
distintas situaciones de violencia por parte de voceros del discurso
heteronormativo que insisten en tildar la existencia lesbiana de
"anormal" y/o "patológica".